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jueves, 10 de enero de 2013

El silencio de los cuerpos agotados.


"(...) Escucho el silencio, busco en las sombras y abro la noche... llega la escritura animal, la escritura mecánica, la orgía intempestiva de palabras sin sentido y sin ritmo, palabras saliendo de esta boca ansiosa y reseca, una boca huérfana de silencios mal heridos, y de aullidos encerrados en el claustro de una mirada demasiado beso, o de una noche demasiado fuego, el fuego de un ardor que arde bien adentro, profundo y llanto, y que arrastra el pulso constante de lo encerrado, de lo inútilmente reprimido, porque en esta vida, y en esta herida, no hay volcán que se calle para siempre, ni caricias que no muerdan lo que rozan, ni cuerpos que contengan el deseo, cuando surge la piel que derriba los silencios, y los labios - los tuyos - susurran lo indecible, y lo indecible es penetrar en tu silencio, y en tu cuerpo, hasta sentir que tiemblas de deseo, y te quiebras, y sabes que ya es muy tarde, y es inútil todo intento de escapar, porque es un instinto del que siempre fuimos presa, y es una marca, como esa herida, que es un anhelo tan fugaz y tan ardiente, una explosión que revienta nuestros cuerpos, y ese ardor que ahora es tan dulce, que ya nada lo contiene, y estalla entonces en mil caricias, y son manos, y son labios, los que se meten bien adentro, donde lo húmedo es el único alimento, y la mordida, y el temblor que sacude nuestros cuerpos, cuerpos que miran hacia otro lado, y se desentienden tibiamente de la jugada, y nos dejan luego así, esclavos de los espasmos, y de las risas, y de los silencios que en silencio sólo observan, el silencio de los cuerpos agotados. "

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

martes, 25 de septiembre de 2012

Pérfida y terrible


"Nosotros... que mordimos la condena dulce y nos desangramos, en el silencio de esta noche pérfida y terrible, tan llena de sospechas, y de traiciones, de pesadumbres y de luna llena; noche de versos de mal augurio, como presagios que se nos incrustan en los ojos, pobre ojos rojos, rotos, de donde brota el llanto más oscuro, ese llanto puro, tan desgarrador y espantoso, hastiado de la muerte fácil y tan lleno de silencios yermos, como la ablación infernal de esta distancia maldita, sombría y desleal como esta noche final, tan puñal en la garganta y menoscabada de sutiles esperanzas, tan ahogada en el silencio, acabada, y con un tierno dolor a condena amarga.
Porque fue dulce mientras duró, y ahora es acerba en la distancia, como el resabio de aquel amor perdido, o las secuelas de la primer mordida, sin salida, cuando hay besos que desgarran, que no se detienen ante nada, y uno se desangra por la boca, esta boca que está loca, y son los dientes que muerden carne y los labios, que enajenados lloran sangre, y el mordisco es tan sutil, tan exquisito, y la condena es tan fatal y tan sabrosa, que las huellas no desaparecen, ni la sangre, ni los dientes, ni el dolor que compartimos para siempre, cuando fuimos carne, y mordimos la condena.
Y el tiempo es el que pasa lento, y la condena la que se hace larga, y esperarte, en el vacío inconmensurable de esta nostalgia, es como buscarte a ciegas en el eco insuperable de una herida, enceguecido por la sangre que brota del vacío, y en el abismo, sentenciado a deambular en la oquedad que me impone tu silencio, y en lo absurdo y nauseabundo de esta puta espera, cuando sé muy bien que nunca llegas, porque este juego sucio continúa ad infinitum, y el maldito círculo nunca se completa, y la noche siempre es larga, y la condena no se acaba, mientras habito en el castigo, porque ahora sé, que lo pérfido fue morderte, y lo terrible fue probarte."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

viernes, 10 de agosto de 2012

"(...) Pasó el resto del día mustio y remiso..." (fragmento)


"(...) Pasó el resto del día mustio y remiso, entre el sofá y la cocina. Abría libros al azar y leía la primera frase que se le aparecía ante los ojos, desmenuzando sentidos, rumiando despreocupado, pastando a sus anchas en el campo semántico de las palabras. El tiempo lento de la tarde se diluía, sigiloso y entre líneas. Una porción de su entidad, centinela de lo oscuro, se reflejó en los tenues albores de la noche que ya comenzaba a llegar, a comparecer ante sus dudas, mientras susurros de presagios centelleaban en la habitación. Cuando se percató de que la tarde comenzaba a morir, y que la noche no tardaría en aparecer sobre el cristal, con su conjuro de sombras inquietantes y de aullidos fantasmas, para reincidir en la maldición de los desoídos, y teñir el pesado aire de oscuras visiones y sufrida melancolía, cerró entonces el libro que tenía entre las manos, y se levantó del sofá en busca de una botella de vino tinto. Mientras la abría, y servía en la copa el elixir divino, preocupado en la búsqueda de una revulsión interna, sintió el eco lastimoso de una frase retumbando dentro de él:

(...) la vida era un bulto muy atado, que se desataba al caer en la eternidad.”

jueves, 9 de agosto de 2012

"(...) como un anhelo ondulando en el ambiente" (fragmento)

"Aunque no se oía ningún ruido proveniente del cuarto, sabía que ella estaba ahí, con su misterio, detrás de esa puerta, y como un anhelo ondulando en el ambiente, su cuerpo se paseaba ante las paredes enmudecidas, esas que cada noche lo observaban a él, en noctámbula quietud, reconociendo ahora en ella, la materia de esos sueños."

A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"

miércoles, 1 de agosto de 2012

Días de lluvia


"[...] Puso a hacer café en la cafetera y se repanchingó a esperar en el sofá. Sobre la mesa de la sala descansaban un par de libros a medio leer y una Moleskine abierta en la última página, sobre un verso inconcluso donde se retenía una emoción.

El aroma del café recién hecho lo inundaba todo, y garabateaba en las paredes vacías viejas frases detenidas en el tiempo, de dolorosa caligrafía desangrada y entonada ausencia. Volvía el eco de antiguos desayunos, de periódicos y tostadas, y de una buena compañía de lejanas coordenadas. El taconeo de la lluvia en el cristal resolvía la armonía del momento, su cadencia. Adentro todo era refugio y pausa. Afuera, insistía el aguacero"

A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"

sábado, 7 de julio de 2012

Me naufragio en tu recuerdo


"Me naufragio en tu recuerdo... en aquellos mares olvidados y en los puertos tan llorados, con lágrimas que desbordan esos mismos mares, esos viejos mares que desbordan estos ojos ciegos; pobres ojos tontos que ya están secos y rojos de buscarte, por las noches, entre las cajas de fotos secas que duermen debajo de esta cama, y que son la materia triste de mis sueños, y el preámbulo más sombrío de mis peores siempre pesadillas, cuando mi cama es sólo un llanto, y la luna es un aullido tarde, y se me sube la marea, y yo, aturdido, me naufragio en tu recuerdo...
y pienso entonces en esos mares que nunca llegan a buen puerto, y en nosotros, y tanto amante suelto, cayendo, y vaciando el mar en llanto, revolviendo puertos, mordiendo ese aire tan salado, el sabor frío y lacerante de los recuerdo mal paridos, como una traición en cada orilla, y un naufragio en tu recuerdo...
y pensar que te creía ciegamente..  mi terror de siempre adormecido en la luz tenue de tu faro suave, y en la promesa de un no-naufragio juntos, cuando arriesgamos la primer brazada, y cada beso era una orilla, y en aquellas noches pobladas de estrellas de mar, cuando mi andar era tan sirena, y tu canto tan palabra... y es por eso que duele tanto, porque hoy sólo quedan fotos viejas, y las fotos son tan silencio, que ni llegan a ser eco, y se engullen la luz del faro, y no me salvan en esta noche, cuando tiemblo, en el naufragio en tu recuerdo...
y me invento - a veces - otras noches largas, para no llorarte siempre estos mares tan fatales, y charlo tiernamente con las caracolas del jardín, las que cargamos aquella tarde, y ellas también aún se acuerdan de tu promesa al viento, de tu canto tan palabra, y de mis sueños de sirena, y aquella tenue luz del faro, y de la noche del naufragio, cuando te llevaste todo el mar, y me dejaste esta inmensa noche, una orilla llena de miedo, y un puerto triste sin esperas...
y quemar las cartas no sirvió de nada, ni tus besos, ni las naves... tal vez tragué demasiado mar, y ya no estás para abrazarme, y entre tanto miedo brotó un silencio...  y una vez escuché una voz de vos, que tenía el eco de tus ojos lindos, y ese canto tuyo tan palabra; pero la noche era tan cerrada, y ya no se veía ninguna orilla, que huí del mar mordiendo arena, y desperté llorando entre mis sábanas; bajo la cama las cajas siguen, y cada rostro es silenciado, y la noche es implacable, como el mar, o como el puerto, y yo, con entre tus ausencias, me naufragio en tu recuerdo."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

domingo, 1 de julio de 2012

"(...) Otro día gris en la gran ciudad..." (fragmento)


"(...) Otro día gris en la gran ciudad. El sonido húmedo que se colaba a través del cristal parecía proceder de una lluvia lejana, de otro tiempo. O tal vez solo fuera él, el que se encontraba tan distante de ahí. Optó por sentarse en el sofá y contemplar hacia la ventana, expectante y silencioso; por si de un momento a otro se le ocurría regresar. Pero lo único que era capaz de divisar más allá del cristal, era una incontable cantidad de húmidas dagas que venían a cercenar sin piedad los hilos invisibles que movían sobre las tablas las piezas que él mismo iba escogiendo ─como en un ataque inoportuno de ablepsia─ para representar, en el teatro sombrío de su porvenir, el melancólico y profuso drama de su existencia. El día avanzaba, gris y amenazante, y él seguía ahí, sentado en primera fila; incapaz de voltear la mirada ciega y condenado a presenciar de cerca ─con la piel bien abierta y el alma partida en dos─ el ingobernable devenir de sus propias pesadillas; ese desfile fatídico de incertidumbres altaneras y eternos sueños inconclusos."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

viernes, 23 de marzo de 2012

"(...) Preciso era saltar sobre el tiempo..." (fragmento)

"(...) La noche comenzaba a acercarse tímidamente, con esa curiosidad intempestiva que siempre carga ella sobre los momentos decisivos de los noctámbulos, forzando, en ellos, una visión clara e introspectiva, tan urgente como un recambio linfático y fatal. Las piezas sobre el tablero sudaban ansiedad y reto, y la movida que abriera los caminos no se podía demorar ni un instante más. Preciso era saltar sobre el tiempo y clavar la jugada elegida sin titubear, ni pestañear; aniquilando por anticipado el surgimiento de cualquier sombra diáfana y rival; y preciso era evitar también, cualquier atisbo de sugerencia diversa, y la más leve insinuación contendiente. A un costado y bajo tierra, quedaban olvidadas e indiferentes, todas las incertidumbres que pudieran estorbar o encallar el viaje. El nuevo camino debía emprenderse despojado y nudo; y del suculento sabor de los presagios vírgenes iría extrayendo su ambrosía y su néctar, y moldeando, insustancial y con orgullo, los nuevos tegumentos que arroparían durante el trayecto, la renovada ilusión de volver a caminar por senderos desconocidos."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

domingo, 4 de marzo de 2012

Te nocturno entre tus ausencias


"Te nocturno entre tus ausencias... y te encuentro tan presente, como si aún no te hubieras ido, y la brisa de esta tarde fuera el aire de tu mirada, y tus ojos, y tus palabras, que dibujan cada estrella, y el contorno de esta distancia, y tu silencio, cuando te nocturno entre tus ausencias...
una ausencia de tu cuerpo, y de tu sombra que es tan recuerdo, tan silencio entre mis sábanas, que me ahoga por las noches, cuando la ausencia se me pega, como un sueño que me hostiga en la mañana, y durante el día, y vuelve inútil cada grito, y no hay huida en las noches largas, cuando intento aferrarme a algo que se desvanece en el silencio, y me pierdo en lo indecible, mientras te nocturno entre tus ausencias...
y hay ausencias tan canallas, que trascienden lo que sangran, y sangrar ya es demasiado, cuando la herida es la de uno mismo, y se coagulan los recuerdos, y se secan las venas muertas, y cada llanto es una herida abierta, que se llora hacia adentro, y adentro es tan oscuro, y cada noche es tan silencio, y te busco entre los sueños, y te nombro entre los dientes, y te maldigo - no te ofendas – si te nocturno entre tus ausencias...
y maldigo este nocturno largo, tan cargado de esta ausencia tuya, y de insomnios tristes, con ojos que muerden en la noche, tan profunda, tan dormida, sangre cansada que revienta las heridas, y te sangro entre las sombras nuevas, en el silencio, y en los rincones, donde aguardan agazapados los aullidos que te nombran, cuando el sueño nunca llega, y la noche es tan pesadilla, si te nocturno entre tus ausencias. "

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

jueves, 23 de febrero de 2012

Por donde pasa la noche mía...



"Por donde pasa la noche mía... me encontraste en aquella esquina, y ya no pude soltarme de vos. Fue en la hora última de aquel crepúsculo / de aquella tarde, y de aquel verano, que te cruzaste pateando piedras en mi camino, y fue en esa hora tan tardía del verano, cuando los pasos de los amantes comienzan a languidecer / y la agonía improbable del sol retumba irreverente por los rincones de la tarde, y sólo fue un instante hermoso -ya lo sé- que pareció tan infinito, y las horas ya estaban muertas, y mis pies eran tan cansados, cuando llegaste vos con tus ojos tristes, y te plantaste en silencio delante de mío, con tu sonrisa semejante, y tu mirada tan promesa, ¿y si  fue en una broma empecinada del destino? ¿o en una guasa distraída, que equivocó su caribe? porque nuestro mar nunca fue muy esmeralda, y nuestro verano no tiene palmeras, y nuestra arena que aún esconde huellas, que son las tuyas, y son las mías, y las de esa tarde nuestra, que se hundió en la orilla / cuando la última luna del verano se reflejó en tus ojos, y la brisa era tan nostalgia sobre el mar, y sobre nosotros, y por donde ahora pasa esta larga noche mía...
y la noche siempre se pasa de nostalgias, y de brisas de vos, de huellas que sobrevivieron diez veranos, y que se tranformaron en este amor, que nunca supo de arenas blandas, ni de los presagios de tus caricias, las que llegaron a enloquecer mi rostro, y a enardecer mi piel prohibida, y en tantas noches que fueron cielo, bajo tantas lunas que fueron nuestras / y tal vez fue el conjuro de una estrella infiel, la que confabuló el secreto, o el misterio último que encondían tus palabras, como una herida en el destino, o en la nostalgia de esos puertos nuevos, que te arrancarían de mi lado, y de mis venas, y me condenarían cada verano a contemplar el mismo mar, sentada al borde de esta orilla en sombras, por donde pasa la noche mía..
una noche que cada noche fue más noche mía, y más larga, y más triste, y más lejos de tus caricias, que tardé tanto en aprender a no esperarte, porque una brisa nunca olvida, ni la noche larga, ni la estrella pérfida, ni los nombres que se escriben en las orillas, que son huellas que van más allá del mar, y te hieren como una noche larga, y no es niguna broma, como el beso de aquel verano, o ese roce maldito tuyo / que me dejó amarrada a vos, y a esta nostalgia de labios conocidos tuyos, que ahora beben de otro mar, y duermen bajo otra luna, y me dejan esta noche sin estrellas, abandonada y fría, a la sombra de tu mirada, por donde pasa la noche mía..."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"


lunes, 13 de febrero de 2012

Y se hundió en tu cielo

"(...) Y la dejé caer, y se hundió en tu cielo... y cayó, como caen siempre las tristezas, arrastrando todo en la caída, y abajo ya no quedaba nada, ni la noche de tus pasos suaves, ni el crepúsculo de tu mirada triste, y después, mientras lloraba, la tristeza era toda mía, y de mis ojos, que te buscaban como adictos, como se busca el cielo en la mirada, o se mira el cielo en la tristeza, y el cielo que eran tus ojos, y tu mirada que era infinita, y mi tristeza como siempre, se llevó todo en la caída, y cerré los ojos, y la dejé caer,  cuando se hundió en tu cielo...
y tus ojos no caían, y en tu cielo demasiado calma, una calma tan infinita, tan indiferencia que me daba rabia, porque mi rabia era tan tristeza, que lograste que perdiera el paso, mis pies entumecidos por el frío, mi dolor enceguecido por las lágrimas, y mi cielo, que no quería ni pensarte, ni oir tus besos en el viento, y tu mirada y tu presencia, eran sólo ecos muy lejanos, y con cada noche fue más difícil respirarte, y no soñarte, porque el aire se fue haciendo más distancia lejos, y la noche demasiado llanto dentro, y el silencio me estalló en el pecho, y mi tristeza se dejó caer, y se hundió en tu cielo...
pasaron días, llovieron años, y el mar se tragó esos ecos, y el cielo se quedó más limpio, y aunque la noche podía ser larga y  mi mirada más infinita, mis pasos encontraron suelo firme, y volvieron a dejar sus propias huellas claras, tu mirada se abrazó a la luna y desapareció, mientras tus ojos daban brillo a las estrellas, y me olvidé por fin de la distancia, y el nuevo capítulo era un verso raro, pero llevaba al menos un nombre mío, y mi sonrisa nueva, pero fue una distracción fugaz, porque la sangre nunca se calla, y los ecos de un amor tan grande siempre acechan, en cada esquina...
y cuando menos me lo esperaba, tu presencia desboró el recuerdo, y tu mirada se tornó tan cielo, que hasta la luna se sintió pequeña, y el olvido adormeció la risa, cuando la distancia me estalló en las manos, porque creí verte volver, y me ganó la confusión antigua, y un temblor entre las piernas, ansiosas / medias dormidas, y caí desbordado en llanto, con angustia, como se cae siempre en la melancolía, y comencé a esperarte, sin saber si era cierto que volvías, porque el amor suele ser presagio, cuando se vuelve ciego, y el eco es tan susurro, y la distancia es sólo una orilla, y cuando el mar acaricia el cielo, y un llanto alegre entibia cada mirada ausente, al ver tus ojos que volvían en silencio, la tristeza insinuó una sombra, pero no le hicimos caso, y yo volvi a caer, arrastrando todo en la caída, y ya no tuve fuerzas para combatir, y me dejé arrastrar, y fuiste lo último que vi, antes de perderme para siempre, cuando me hundí en tu cielo y en tus ojos infinitos."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

miércoles, 8 de febrero de 2012

Te desvío de mis labios


"Te desvío de mis labios... y te encuentro en el camino, porque morder tus besos es llegarte, y que me llegues hasta las entrañas, sin perderme, sin mirarte, sin embargo yo te miro, y te pierdo, y te desvío, para saber que llegas antes, y te espero entre los dientes, que ya no dicen lo que callan, ni muerden lo que sangran, pero sangra todo lo que tocan, y me tocan hasta adentro, y revientan mis entrañas, y me sangran por los besos, y me duele hasta los dientes, yo me asusto, no te digo nada, miro hacia otro lado, y te desvío de mis labios...
Porque duele no besarte, y me muerde tanta espera, y yo muerdo tanto llanto, y ¡tanto tiempo te lloré!, y hoy regresar es tu camino, aunque no me creo tanta suerte, y prefiero tragarme el llanto, y perderme en el desvío, y dormirme sin soñarte, pero vuelves y lo revuelves todo, y tus palabras son tan sonrisa, y tus besos tan presagio, que yo caigo de rodillas, y te sueño sin dormirme, y mi olvido ya te nombra, y mis besos ya te sueñan, y mi piel se sabe frágil, y quisiera tenerte acá.
Pero huyo entre las sombras, y me olvido, tan cobarde, y te desvío de mis labios...
Y aunque te parezca un poco tonto, y espero que no lo sepas, aún guardo entre las sombras, el resabio de aquella herida, silenciada, manoseada, tan payaso triste, y tanta risa solitaria, el pájaro que cayó del nido, y el olvido se comió al dolor, y el dolor se durmió en la herida, y la herida despertó en tus besos, y no quiere más silencio, ni más vacío, ni más pájaros, ni más nido, ni tu ausencia, ni tu herida...porque todos tenemos al menos una, ¿no? Sin heridas no hubo amor, ni sin locura, y tu locura es mi debilidad. ¡y qué difícil ser tan frágil! y haber bebido de tus besos, en silencio, y de tus labios, mis fuerzas pierden pasos, y se confunden los caminos, ni la luna sabe de esto, y yo te espero, y no escucho ya mi herida, y me planto, y en el medio de la espera, porque te amo, te desvío de mis labios."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

Me tiemblan tus caricias


"Me tiemblan tus caricias, y el sabor antiguo de tus lágrimas... salado el beso llanto, de la moneda olvidada en aquella fuente, y hay rojos deseos de no llorar-te más, y lágrimas vivas que enternecen la partida, es tuya ausencia la que llora en los rincones, y en las calles olvidadas, y en las tardes con olor a lluvia, y en la espuma del café con leche, y en esa lluvia que son tu ojos tristes, que se llueven de silencios, entonces arraso este vacío, y se me derrama la mirada, cuando me tiemblan tus caricias...
se derrama la mirada, y me embarco en tu silencio, en noches de llantos torrenciales, y nubosidades en aumento, y mi cama está tan triste, y mis sábanas empapadas, hay llanto para un río, y no duerme mi cansancio, que está cansado de llorarte, y vive ahogado en la distancia, en esta distancia que es un silencio, y tu silencio, ¡que es tan distante! que yo ya nada puedo oirte, y no importa la canción, más solo que aquel día, me caigo encima de la noche, y me sostengo de una lágrima, y te sueño, ¡con tanto miedo! que me tiemblan tus caricias...
tus caricias, que me tiemblan cada noche, cuando caigo encima del silencio, y la noche, y las sombras, y tu ausencia, y tu lluvia se me atraganta, y el silencio es un presagio, y la noche se anuncia larga, y las piernas no me sostienen, ni los dientes, ni los brazos, ni mi llanto... y te invento en los rincones, y te lloro entre mis versos, y se inundan nuestras cartas, y recuerdo aquella tarde, y me tiemblan tus caricias...
porque conozco cada mirada tuya, cada silencio, cada distancia, y la lluvia me dice que no es casual, ni este verso, ni la lluvia, ni la lágrima, ni la noche larga, en tu rostro habita este silencio, pero mira hacia otro lado, oculta risas, disimula el llanto, y la distancia es esta cama, y es esta noche, y son tus lágrimas, y afuera sólo lluvia, y vacío, y no vienes, y recuerdo aquella tarde, cuando al fin te fuiste, y me tiemblan tus caricias."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

martes, 7 de febrero de 2012

Me levanto de tu asombro


"Me levanto de tu asombro... me descuelgo, y es que me siento incómodo en tu asombro, y a veces creo que todo nos va bien, porque tu mirada es demasiado abierta, y no sabe aún hacia donde va, pero es tu ceguera, que me busca a ciegas, con tropiezos en los pies, y un miedo dulce que te acordona los zapatos, o son tus pasos, mientras te veo venir, pero el miedo llega primero, y me levanto de tu asombro...
te veo venir, y mi grito corre detrás de ti, llueven aullidos en tus ganas de seguir, pero es tarde, y  todos los caminos están nublados a estas horas de la noche, cerrados, y la tormenta en tus ojos se anuncia devastadora, mientras yo te veo venir, y te tropiezas con el miedo, y la luna se avergüenza de haberte llamado, y la calle se vuelve ciega, y ya no te veo,  y entonces yo, que me siento incómodo, y ya no creo que todo nos vaya bien,  te maldigo, y me levanto de tu asombro...
porque esperarte ya no me asombra, ni tampoco que tú vengas, en definitiva siempre fue la misma espera, aunque nos cambien las esquinas, y los bancos de las plazas se vuelvan minutos interminables, ¿cuántas noches caben en un minuto? si de un momento a otro se que no vendrás, y tu ausencia se repite en cada esquina, que será siempre la misma esquina, y fue siempre la misma espera, y tu mirada demasiado abierta, y tu ausencia demasiado aullido, y la luna, y la noche, y yo, que me canso de esperarte, y ya no habrá más sorpresas, ni más esperas, ni bancos, ni más esquinas, y me siento incómodo, porque nada nos va bien, y te maldigo, y ya no te llamo, ya no te olvido, me descuelgo, y me levanto de tu asombro."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

lunes, 2 de enero de 2012

"(...) el embrujo sonoro del silencio absoluto... " (fragmento)


"(..) Cuando despertó en la mañana, perseveraba dentro de él la sensación de contemplar el mar soñado y la certeza de un silencio que lo abarcaba todo. No recordaba haber sentido un silencio semejante nunca, ni en sueños ni despierto. No recordaba que muchos sueños tuvieran algún tipo de banda sonora o algo similar. Si alguien le hubiera preguntado si en sus sueños él recordaba haber escuchado alguna vez algo más que las voces de los protagonistas, él hubiese contestado que no... nunca... nada. Pero en esos casos se trataba de no haber oído nada, y esto era radicalmente lo opuesto. Esta vez había oído la nada, y ahora guardaba en él todo el embrujo sonoro del silencio absoluto, una pausa categórica y total.

Una ausencia, ese vacío insuperable... como el tokonoma de Lezama Lima, o la Nada absoluta y divina."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"