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miércoles, 1 de agosto de 2012

Días de lluvia


"[...] Puso a hacer café en la cafetera y se repanchingó a esperar en el sofá. Sobre la mesa de la sala descansaban un par de libros a medio leer y una Moleskine abierta en la última página, sobre un verso inconcluso donde se retenía una emoción.

El aroma del café recién hecho lo inundaba todo, y garabateaba en las paredes vacías viejas frases detenidas en el tiempo, de dolorosa caligrafía desangrada y entonada ausencia. Volvía el eco de antiguos desayunos, de periódicos y tostadas, y de una buena compañía de lejanas coordenadas. El taconeo de la lluvia en el cristal resolvía la armonía del momento, su cadencia. Adentro todo era refugio y pausa. Afuera, insistía el aguacero"

A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"

domingo, 1 de julio de 2012

"(...) Otro día gris en la gran ciudad..." (fragmento)


"(...) Otro día gris en la gran ciudad. El sonido húmedo que se colaba a través del cristal parecía proceder de una lluvia lejana, de otro tiempo. O tal vez solo fuera él, el que se encontraba tan distante de ahí. Optó por sentarse en el sofá y contemplar hacia la ventana, expectante y silencioso; por si de un momento a otro se le ocurría regresar. Pero lo único que era capaz de divisar más allá del cristal, era una incontable cantidad de húmidas dagas que venían a cercenar sin piedad los hilos invisibles que movían sobre las tablas las piezas que él mismo iba escogiendo ─como en un ataque inoportuno de ablepsia─ para representar, en el teatro sombrío de su porvenir, el melancólico y profuso drama de su existencia. El día avanzaba, gris y amenazante, y él seguía ahí, sentado en primera fila; incapaz de voltear la mirada ciega y condenado a presenciar de cerca ─con la piel bien abierta y el alma partida en dos─ el ingobernable devenir de sus propias pesadillas; ese desfile fatídico de incertidumbres altaneras y eternos sueños inconclusos."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

lunes, 13 de febrero de 2012

Y se hundió en tu cielo

"(...) Y la dejé caer, y se hundió en tu cielo... y cayó, como caen siempre las tristezas, arrastrando todo en la caída, y abajo ya no quedaba nada, ni la noche de tus pasos suaves, ni el crepúsculo de tu mirada triste, y después, mientras lloraba, la tristeza era toda mía, y de mis ojos, que te buscaban como adictos, como se busca el cielo en la mirada, o se mira el cielo en la tristeza, y el cielo que eran tus ojos, y tu mirada que era infinita, y mi tristeza como siempre, se llevó todo en la caída, y cerré los ojos, y la dejé caer,  cuando se hundió en tu cielo...
y tus ojos no caían, y en tu cielo demasiado calma, una calma tan infinita, tan indiferencia que me daba rabia, porque mi rabia era tan tristeza, que lograste que perdiera el paso, mis pies entumecidos por el frío, mi dolor enceguecido por las lágrimas, y mi cielo, que no quería ni pensarte, ni oir tus besos en el viento, y tu mirada y tu presencia, eran sólo ecos muy lejanos, y con cada noche fue más difícil respirarte, y no soñarte, porque el aire se fue haciendo más distancia lejos, y la noche demasiado llanto dentro, y el silencio me estalló en el pecho, y mi tristeza se dejó caer, y se hundió en tu cielo...
pasaron días, llovieron años, y el mar se tragó esos ecos, y el cielo se quedó más limpio, y aunque la noche podía ser larga y  mi mirada más infinita, mis pasos encontraron suelo firme, y volvieron a dejar sus propias huellas claras, tu mirada se abrazó a la luna y desapareció, mientras tus ojos daban brillo a las estrellas, y me olvidé por fin de la distancia, y el nuevo capítulo era un verso raro, pero llevaba al menos un nombre mío, y mi sonrisa nueva, pero fue una distracción fugaz, porque la sangre nunca se calla, y los ecos de un amor tan grande siempre acechan, en cada esquina...
y cuando menos me lo esperaba, tu presencia desboró el recuerdo, y tu mirada se tornó tan cielo, que hasta la luna se sintió pequeña, y el olvido adormeció la risa, cuando la distancia me estalló en las manos, porque creí verte volver, y me ganó la confusión antigua, y un temblor entre las piernas, ansiosas / medias dormidas, y caí desbordado en llanto, con angustia, como se cae siempre en la melancolía, y comencé a esperarte, sin saber si era cierto que volvías, porque el amor suele ser presagio, cuando se vuelve ciego, y el eco es tan susurro, y la distancia es sólo una orilla, y cuando el mar acaricia el cielo, y un llanto alegre entibia cada mirada ausente, al ver tus ojos que volvían en silencio, la tristeza insinuó una sombra, pero no le hicimos caso, y yo volvi a caer, arrastrando todo en la caída, y ya no tuve fuerzas para combatir, y me dejé arrastrar, y fuiste lo último que vi, antes de perderme para siempre, cuando me hundí en tu cielo y en tus ojos infinitos."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

miércoles, 8 de febrero de 2012

Me tiemblan tus caricias


"Me tiemblan tus caricias, y el sabor antiguo de tus lágrimas... salado el beso llanto, de la moneda olvidada en aquella fuente, y hay rojos deseos de no llorar-te más, y lágrimas vivas que enternecen la partida, es tuya ausencia la que llora en los rincones, y en las calles olvidadas, y en las tardes con olor a lluvia, y en la espuma del café con leche, y en esa lluvia que son tu ojos tristes, que se llueven de silencios, entonces arraso este vacío, y se me derrama la mirada, cuando me tiemblan tus caricias...
se derrama la mirada, y me embarco en tu silencio, en noches de llantos torrenciales, y nubosidades en aumento, y mi cama está tan triste, y mis sábanas empapadas, hay llanto para un río, y no duerme mi cansancio, que está cansado de llorarte, y vive ahogado en la distancia, en esta distancia que es un silencio, y tu silencio, ¡que es tan distante! que yo ya nada puedo oirte, y no importa la canción, más solo que aquel día, me caigo encima de la noche, y me sostengo de una lágrima, y te sueño, ¡con tanto miedo! que me tiemblan tus caricias...
tus caricias, que me tiemblan cada noche, cuando caigo encima del silencio, y la noche, y las sombras, y tu ausencia, y tu lluvia se me atraganta, y el silencio es un presagio, y la noche se anuncia larga, y las piernas no me sostienen, ni los dientes, ni los brazos, ni mi llanto... y te invento en los rincones, y te lloro entre mis versos, y se inundan nuestras cartas, y recuerdo aquella tarde, y me tiemblan tus caricias...
porque conozco cada mirada tuya, cada silencio, cada distancia, y la lluvia me dice que no es casual, ni este verso, ni la lluvia, ni la lágrima, ni la noche larga, en tu rostro habita este silencio, pero mira hacia otro lado, oculta risas, disimula el llanto, y la distancia es esta cama, y es esta noche, y son tus lágrimas, y afuera sólo lluvia, y vacío, y no vienes, y recuerdo aquella tarde, cuando al fin te fuiste, y me tiemblan tus caricias."

A.G.Leão, "EL Sueño de Lagarde"

viernes, 16 de diciembre de 2011

"(...) Hacia el mediodía la lluvia cesó..." (fragmento)

"(...) Hacia el mediodía la lluvia cesó, pero él tardo en darse cuenta, y volver, consciente de su ausencia, pero sin poder determinar el territorio exacto de su peregrinaje fantasma. Su voz acudió un instante antes, lo suficiente para proclamar hacia adentro, avalada por un eco solitario y triste, el vacío interior que lo abarcaba todo, sospechoso y temible. Sobre el sofá, su cuerpo aún no acababa de materializarse por completo. El discurso que pretendía explicar el desdoblamiento de sí mismo reverberaba entre las paredes de la sala, con tímido y dubitativo desconcierto al no hallar la esperada resistencia de una materia corpórea y tibia de vida, sobre el diván. Al fin ese vacío interior fue colmado por completo, y su cuerpo re surgió entre los almohadones de pana. Retornó la conciencia, en medio del silencio, huérfana de respuestas.."

miércoles, 15 de junio de 2011

Bajo otra Lluvia

Detrás del cristal, afuera, el cielo parece, se parte en dos. Desde algún rincón de la noche, llega un grito ahogado, un aullido fantasma. Agazapado a la vuelta de la esquina, alguien espera por el golpe triunfal. Pero esta noche no bajaré. Antes de que los barrios bajos se inunden de húmedos presagios, llegará por fin la salvación; el roce de una sombra alargada de un beso inmortal, bajo una lluvia de ayer.