"Una habitación y un
silencio; cuatro paredes indiferentes sosteniendo en vano el eco de
algo muerto; un libro solitario sobre la mesa y, entre sus hojas
amarrilentas, la nostalgia de una lectura interrumpida para siempre;
una pluma sin dueño y una intención desterrada, la tinta aún tibia
latiendo en sus entrañas; el resabio de tantas palabras que quedaron
sin decir; y entre las páginas del libro, sobre un trozo de papel
prolijamente doblado en seis, descansa la ardiente furia de un último
adiós atragantado entre líneas; oculto en la eternidad; y a merced
de la noche, otro relato que declina su voz, otro misterio que
acecha, mágico y letal, adormecido en las sombras."
martes, 21 de agosto de 2012
domingo, 19 de agosto de 2012
Tiempo de abrazar
“Miraba el brillo
grasiento de la baranda, y no podía rechazar la imagen de todas las
manos ─ágiles,cansadas, firmes, ásperas─ que se habían apoyado
en aquella lista de madera, dejándola un poco más pulida, un poco
más sucia. Los hombres del horario nocturno, gordos, sin afeitar,
haciendo crujir los escalones con sus gruesos zapatos. Las muchachas
del turno de la mañana, dientes blanquísimos, vestidos flotantes,
risas y carreras. Las manos ─blancas, velludas, oscuras, pequeñas,
venosas, húmedas─ corrían como arañas hacia arriba; ya trepando,
ya con rítmicos saltitos.”
Juan Carlos Onetti,
“Tiempo de abrazar”
viernes, 17 de agosto de 2012
Un acogedor y dilatado silencio
"(...) Me besó como para hacerme llagas. Me besó infinitamente.
Tomaba, con aquellos besos, mis fuerzas.
Era de una sensualidad dominadora y, sin embargo capaz de cavar
y dejarme vacío hasta hacer que ya no la deseara.
Sólo mis labios tomaba y a través del beso, como en una absorción,
parecía llevarme allá, adonde no sé, ni nada hay, nada es. Todo se negaba.
Mis fuerzas se agotaban antes de donde es posible la voluntad.
Terminaban... Terminaban... Sin sobresaltos, ya sin sobresaltos,
quedamente, terminaban.
Y todo era... un acogedor y dilatado silencio."
A. Di Bendetto, "Zama"
Tomaba, con aquellos besos, mis fuerzas.
Era de una sensualidad dominadora y, sin embargo capaz de cavar
y dejarme vacío hasta hacer que ya no la deseara.
Sólo mis labios tomaba y a través del beso, como en una absorción,
parecía llevarme allá, adonde no sé, ni nada hay, nada es. Todo se negaba.
Mis fuerzas se agotaban antes de donde es posible la voluntad.
Terminaban... Terminaban... Sin sobresaltos, ya sin sobresaltos,
quedamente, terminaban.
Y todo era... un acogedor y dilatado silencio."
A. Di Bendetto, "Zama"
jueves, 16 de agosto de 2012
"Yakamoz"
Voy a dejar que suceda...
Un rastro de palabras tras de mi...
caen sin intención ni estorbo
hacia el verso espontáneo y casual..
El destino, o el azar,
(la sentencia es de J. Luis)
que es decir lo mismo...
¿llenará de noche todos los rincones?
¿qué tormentas se desatarán luego?
¿sobrevivirá al fin este corazón inquieto?
Morirá el día (inapelable) al atardecer,
y la noche caerá implacable,
en un intento de poseer
algún espíritu derrotado.
Sobre el hombro izquierdo
sentirás su presencia fatal
y un terror genuino y total,
susurrará su victoria antes de tiempo.
Al borde de un puente viejo
de más / mil muertes abrazadas,
un descuido lunar
regalará un reflejo salvador,
la sublime belleza que guarda su voz
en cada gota de río,
la imagen final que configura el sentido
y destroza la angustia.
Sin llanto, el salto queda obsoleto,
y el nuevo sendero que se ofrece
resulta encantador,
e irresistible.
Cada piedra vuelve a su camino,
habitan desde siempre
entre el silencio y las caricias.
Las grietas permanecen abiertas
y proyectan sobre la tierra trémula
una vieja luz sin sombra.
Vuelan en la noche tibias mariposas,
retoños de una magia futura
aún por descubrir.
Un rastro de palabras tras de mi...
caen sin intención ni estorbo
hacia el verso espontáneo y casual..
El destino, o el azar,
(la sentencia es de J. Luis)
que es decir lo mismo...
¿llenará de noche todos los rincones?
¿qué tormentas se desatarán luego?
¿sobrevivirá al fin este corazón inquieto?
Morirá el día (inapelable) al atardecer,
y la noche caerá implacable,
en un intento de poseer
algún espíritu derrotado.
Sobre el hombro izquierdo
sentirás su presencia fatal
y un terror genuino y total,
susurrará su victoria antes de tiempo.
Al borde de un puente viejo
de más / mil muertes abrazadas,
un descuido lunar
regalará un reflejo salvador,
la sublime belleza que guarda su voz
en cada gota de río,
la imagen final que configura el sentido
y destroza la angustia.
Sin llanto, el salto queda obsoleto,
y el nuevo sendero que se ofrece
resulta encantador,
e irresistible.
Cada piedra vuelve a su camino,
habitan desde siempre
entre el silencio y las caricias.
Las grietas permanecen abiertas
y proyectan sobre la tierra trémula
una vieja luz sin sombra.
Vuelan en la noche tibias mariposas,
retoños de una magia futura
aún por descubrir.
viernes, 10 de agosto de 2012
"(...) Pasó el resto del día mustio y remiso..." (fragmento)
"(...) Pasó
el resto del día mustio y remiso, entre el sofá y la cocina. Abría libros al azar y
leía la primera frase que se le aparecía ante los ojos,
desmenuzando sentidos, rumiando despreocupado, pastando a sus anchas
en el campo semántico de las palabras. El tiempo lento de la tarde
se diluía, sigiloso y entre líneas. Una porción de su entidad,
centinela de lo oscuro, se reflejó en los tenues albores de la noche
que ya comenzaba a llegar, a comparecer ante sus dudas, mientras
susurros de presagios centelleaban en la habitación. Cuando se
percató de que la tarde comenzaba a morir, y que la noche no
tardaría en aparecer sobre el cristal, con su conjuro de sombras
inquietantes y de aullidos fantasmas, para reincidir en la maldición
de los desoídos, y teñir el pesado aire de oscuras visiones y
sufrida melancolía, cerró entonces el libro que tenía entre las
manos, y se levantó del sofá en busca de una botella de vino tinto.
Mientras la abría, y servía en la copa el elixir divino, preocupado
en la búsqueda de una revulsión interna, sintió el eco lastimoso de una
frase retumbando dentro de él:
“(...) la vida era
un bulto muy atado, que se desataba al caer en la eternidad.”
jueves, 9 de agosto de 2012
"(...) como un anhelo ondulando en el ambiente" (fragmento)
"Aunque no se oía ningún ruido proveniente del cuarto, sabía que
ella estaba ahí, con su misterio, detrás de esa puerta, y como un
anhelo ondulando en el ambiente, su cuerpo se paseaba ante las
paredes enmudecidas, esas que cada noche lo observaban a él, en
noctámbula quietud, reconociendo ahora en ella, la materia de esos
sueños."
A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"
A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"
miércoles, 1 de agosto de 2012
Días de lluvia
"[...] Puso a hacer café en la cafetera y se repanchingó a esperar en el sofá. Sobre la mesa de la sala descansaban un par de libros a medio leer y una Moleskine abierta en la última página, sobre un verso inconcluso donde se retenía una emoción.
El aroma del café recién hecho lo inundaba todo, y garabateaba en las paredes vacías viejas frases detenidas en el tiempo, de dolorosa caligrafía desangrada y entonada ausencia. Volvía el eco de antiguos desayunos, de periódicos y tostadas, y de una buena compañía de lejanas coordenadas. El taconeo de la lluvia en el cristal resolvía la armonía del momento, su cadencia. Adentro todo era refugio y pausa. Afuera, insistía el aguacero"
A.G. Leão, "El sueño de Lagarde"
jueves, 26 de julio de 2012
Nocturno rabioso
"...Algunas veces en la noche, hay rostros de doncellas que hieren con espadas de dulzura. Nos alejamos, y el alma nos queda entenebrecida y sola como después de una fiesta [...] se fueron y no sabemos más de ellas, y sin embargo nos acompañaron una noche teniendo la mirada fija en nuestros ojos inmóviles... y nosotros heridos con espadas de dulzura, pensamos cómo sería el amor de esas mujeres [...]
Pensamos cómo inclinarían la cabeza hacia nosotros para dejar en dirección al cielo sus labios entreabiertos, cómo dejarían desmayarse del deseo sin desmentir la belleza del semblante un momento ideal [...] rostros en los que el deseo no desmiente la idealidad de un momento. ¿Cómo vienen a ocupar nuestras noches?
Yo me he estado horas continuas persiguiendo con los ojos la forma de una doncella que durante el día me dejó en los huesos ansiedad de amor".
Roberto Arlt, "El Juguete Rabioso"
martes, 24 de julio de 2012
Sueño y Vigilia
“El poema no es otra
cosa que un sueño
que se realiza en la
vigilia.
El despertar es casi
siempre
una desilusión”
T. Transtörmer
¿Es posible caer "enfermo de desilusión"? ¿Sufrir alguna patología asociada
a un desencanto por lo cotidiano? Releo ambas preguntas y me acuerdo de Weber y de sus
postulados filosóficos al respecto, de su famoso Disillusioned
Realism. Pienso en aquellos que sólo logran ser felices en sus propios
sueños; en la cama, mientras duermen, o durante el día, en esos
momentos en que desearían habitar en la piel de otros; situaciones
ambas por donde intentan evadirse del mundo que habitan, sin darse
cuenta que es posible cambiar la realidad que los rodea y les
transmite infelicidad, que no hace falta escapar de aquí, retirarse
a soñar, o cambiar de mundo, sino alterar la percepción que de
éste tenemos durante la vigilia, mientras estamos bien “despiertos”,
y de esta manera, cambiar el mundo en que vivimos.
─¿Cómo?─preguntarán muchos.
─¡Muy
fácil!─ responderán otros, si los primeros saben a quién
preguntar.
Sólo
es necesario, eso sí, cierto entrenamiento en el arte y el dominio de
los sentidos; portal por donde ingresa en nuestro espíritu todo
aquello que la realidad nos ofrece a diario, hasta lo más
insignificante o rutinario, y que encierra el verdadero potencial del
“sueño”, la materia de la cual están echos, ellos y nosotros;
(Shakespeare: We are such stuff as dreams are made).
Como
sentenció W. Blake, “If the doors of perception were cleansed
every thing would appear to man as it is, infinite” (Si las puertas
de la percepción fueran abiertas, cada cosa se le aparecería al
hombre tal cual es, infinita). Entonces, ¿por qué limitar y
desperdiciar esa capacidad de percepción que poseemos, esa
posibilidad de contemplar la realidad de manera “limpia”, tal
cual es?¿por qué practicarla sólo durante unos fugaces instantes
de nuestro día, o entregarnos a ella sólo en las noches, al
sumergirnos bajo las sábanas?
Debemos
ser consientes de esta capacidad de “soñar” despiertos, de
transformar la vigilia en el mundo de nuestros sueños; saber que es
posible llevarla a cabo en cada instante de nuestra humana y acotada
existencia, aniquilando así aquella desdicha que provoca el
desencanto de la realidad, esa desilusión que surge sólo cuando lo
que percibimos ─a través de nuestra mirada “ciega” o mal
entrenada o de nuestros sentidos adormecidos─ no se corresponde con
lo que soñamos y deseamos vivir.
Sólo
de la ilusión puede surgir la desilusión, dice un viejo proverbio
indio. R. Kiplyng matiza en su novela “Kim”: Todo deseo es
ilusión y una ligadura más que nos ata a la rueda.
Concluyendo;
no puede ser saludable para ningún espíritu humano vivir sumergido en una
amargura existencial, provocada por la eterna desilusión que suscita
la falta de concordancia entre los deseado, por un lado, y lo vivido
día a día, por el otro. Este desencanto puede ser darse,
principalmente, por dos motivos: por desear lo ilusorio, víctimas de
la manipulación de los deseos por parte los grandes “marketineros”
actuales (maestros en el arte de “inventar” deseos o
necesidades y, por lo tanto, conductas, obsesiones, y, en definitiva,
enfermedades), o por el desconocimiento de las posibilidades de
resolver esa sensación de vacío por medio del entrenamiento de
nuestras capacidades, de nuestros sentidos, para abrir las puertas de
nuestra percepción, dejando entrar la realidad tal cual es, íntegra
y total, Universal, e infinita.
Soñar
en la vigilia, sin la necesidad de escribir el poema; con sólo
sentirlo basta para disolver la angustia y el vacío. Extender lo
soñado hasta más allá de la vigilia, hasta rozar el límite mismo
del otro sueño, al borde de la cama. Ir transformando lentamente lo
cotidiano, la vida, en una fantasía maravillosa y larga, hasta que
llegue, sin darnos cuenta siquiera, de día (o en la noche), el instante
final del sueño eterno.
miércoles, 11 de julio de 2012
Carpe Diem
"...dum loquimur,
fugerit invida aetas:
carpe diem,
quam minimum credula postero."
"No busques el final que a ti o a mí nos tienen reservado los dioses (que por otra parte es sacrilegio saberlo), oh Leuconoé, y no te dediques a investigar los cálculos de los astrólogos babilonios. ¡Vale más sufrir lo que sea! Puede ser que Júpiter te conceda varios inviernos, o puede ser que éste, que ahora golpea al mar Tirreno contra las rocas de los acantilados, sea el último; pero tú has de ser sabia, y, mientras, filtra el vino y olvídate del breve tiempo que queda amparándote en la larga esperanza. Mientras estamos hablando, he aquí que el tiempo, envidioso, se nos escapa: aprovecha el día de hoy, y no pongas de ninguna manera tu fe ni tu esperanza en el día de mañana."
Horacio, 65 A.C. - 8 A.C.
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